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martes, 19 de abril de 2016

MITOS, PREGUNTA Y RESPUESTA



Tribuna para El Norte de Castilla




Empecé a interesarme por los mitos sobre todo a raíz de un libro que escribí sobre La guerra de las galaxias, películas a las que dediqué hace poco una tribuna. Bien, los mitos y los cuentos de hadas son el trasfondo de estas películas, llamadas “el mito renovado” por el gran mitólogo Joseph Campbell, y de muchas otras películas, de muchas otras historias. Posiblemente el mito sea la historia con mayúsculas, por antonomasia. Todo depende de la trascendencia que tenga, o que le demos a esa historia. Y es que “mito” significa “relato”, “cuento”, y su periplo por nuestro devenir, nuestro ser, lo que sabemos de nosotros mismos es muy grande, complejo, fascinante.
Carl Gustav Jung relacionó los mitos con lo que él llamaba “arquetipos”, presentes en todos nosotros, artífices del inconsciente colectivo. De estos arquetipos, palabra que etimológicamente procede de “fuente”, “origen”, manaban los mitos. Los mitos son el origen de todas las historias, de las reales y de las inventadas, de lo que somos y de lo que queremos ser. Gracias a los mitos –los mitos, según Campbell, o son “modelos” o no son nada- conseguimos realizar hazañas esplendorosas, fuera de nuestro alcance si no fuera por ellos. Relacionan nuestra vida interior y la exterior, y son una muestra de que la especie humana está mucho más unida de lo que a veces parece. El héroe de las mil caras, de Campbell, libro que cambió la vida a George Lucas, creador de La guerra de las galaxias y de muchas otras películas y producciones, ese libro muestra al lector cómo en muy diferentes partes del mundo, en muy diferentes culturas, el hombre utiliza patrones similares para responder a sus grandes incógnitas. Porque, como recuerda Jung, el hombre primitivo recurre a los mitos no para que le digan lo que ya sabe, sino lo que no sabe, y a menudo lo que le atemoriza, y lo hace en forma de relatos. Finalmente, el hombre primitivo, el hombre, crea mitos porque los necesita.
Lo curioso es que esos mitos pueden tener un origen real. Es decir, unos mitos alimentan a otros mitos, como de hecho ocurre, por ejemplo, con Alejandro Magno, gran admirador del héroe Aquiles –dormía, nos cuenta Borges, con la Ilíada y un puñal debajo de la almohada-, que inspirándose una y otra vez en él consigue superarlo y atravesar, él mismo, su propio proceso mitificador. Personajes reales pasan a la leyenda oral, o a la tradición escrita, o antes o después a la Historia –la Historia puede ser mitificadora… y es un “relato”-, y hoy al cine, por ejemplo, y a todos los modernos dispositivos que vamos creando.
El caso del Cid lo conozco un poco porque escribí una novela basada en él. Muchos niegan hoy su existencia real. Ramón Menéndez Pidal se esforzó por darle esa encarnadura histórica, La España del Cid, maravilloso libro. Pero el Cid vivió en los romances, en el Cantar de Mío Cid, y en esta obra fue utilizado por motivos políticos. Ya era raro que sobreviviera a la Historia porque lo normal es que ésta, en su tiempo, sólo se ocupara de los grandes personajes, prácticamente sólo de los reyes. El caso del Rey Arturo me recuerda al del Cid, aunque su historicidad parece mucho más difícil. Pero su mito flota y se elabora también en la literatura, como el de Alejandro en su tiempo. Ya tenemos hoy problemas, leyendo libros y artículos para saber cómo es un personaje real, contemporáneo, un personaje, digamos, destacado, imagínense ustedes cuando ha pasado un milenio, o varios, entre ellos y nosotros. El hombre se convierte en personaje, el personaje en héroe, de muy diferentes tipos, y el héroe en mito. Pienso que precisamente esas distancias temporales son las que aprovecha el mito para reforzarse, para afianzarse en torno a un personaje, una historia, un fenómeno, etc.
Una relación muy interesante, clave, es la que une al chamán con el mundo del mito. El chamán, en culturas primitivas, era el que tenía el don de contactar con los muertos, de sanar a los enfermos, de realizar conductas milagrosas. También de crear historias, historias que vienen de ese gran limo de la mitología, con la que conecta, para producir sus propios mitos, relatos que impactarán en los oyentes, que los visualizarán y que cambiarán su conducta. Robert Walter nos dice que un cuento bien hecho, pero un cuento normal, encanta, nos encanta, dice, pero no entra en lo más profundo de nosotros ni cambia nuestras conductas. El mito sí. Los mitos se mueven del mundo exterior al interior. Alimentan a los privilegiados que saben captarlo, privilegiados que a su vez elaboran con esta inspiración y su don, digamos, sus propios mitos, historias, relatos, modelos, que condicionarán a su vez a otras personas. Hoy esos chamanes recuerdan poderosamente a los escritores y artistas, especialmente diría a los escritores –una forma de artistas-, tal vez porque los conozco mucho mejor. Campbell, maravillosa frase, decía que el mito era el sueño despersonalizado, mientras que el sueño era el mito personalizado. Aquí vemos, perfectamente explicado y sintetizado, ese recorrido, comunicación permanente entre el mundo personal y el de toda una especie. Pues todas nuestras historias nos cuentan a nosotros mismos, lo que sabemos y lo que no sabemos, que los mitos desvelan o ayudan a saber. Los mitos también son acción, nuestra, porque animan a actuar, y me gusta visualizarlo.

Eduardo Martínez Rico

Escritor y periodista




Publicado en El Norte de Castilla el 20 de noviembre de 2014










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jueves, 10 de marzo de 2016

Cifimad 2016


El último fin de semana de febrero se celebró la Cifimad, una convención que desde hace ya varias años se realiza en Fuenlabrada y que congrega a aficionados de la ciencia ficción y la fantasía no solo de Madrid, sino de todas partes de España; amigos de hace años unidos por una afición común. La excusa para ir es que se suelen traer actores, pero al final se acude más por los amigos que se han hecho allí. Y es que la característica más importante, y lo que hace especial a esta convención, es que está organizada por las asociaciones de aficionados, encabezadas por el Club Star Trek Cochrane Madrid, a la cual, a lo largo de los años, se han ido añadiendo otras como Star Wars Madrid, Acat…

Empezó siendo un evento trekkie que se quería abrir a un público que incluyera todo tipo de aficionados, trayendo no solo actores que habían participado en Star Trek, sino en otras franquicias como Star Wars, Galáctica… Pero lo mejor es que no se ha perdido la esencia de un evento hecho por aficionados (con el amor y cariño que eso genera) para aficionados. Es un lugar de encuentro para amigos que nos reunimos para charlar de nuestras aficiones, pero también hay lugar para cotilleos y chismes (todos somos humanos) de las películas, series, libros y cómics que nos gustan y que nos han unido.

Ya hace tiempo que Alberto Santos Editor colabora con la Cifimad, ya sea con actividades como la presentación de la primera edición del libro Star Trek. Guía de naves estelares, o cediendo ejemplares de sus libros para los premios de los concursos que se celebran. Este año, con el libro escrito por Leonard Nimoy: Star Trek. Soy Spock, y el ensayo de Eduardo Martínez Rico: La guerra de las galaxias. El mito renovado.

Las actividades que se celebran van desde charlas y conferencias sobre música de cine, el panorama español de autores de ciencia ficción, conciertos, actividades infantiles como manualidades y gincanas o concursos y torneos del juego de Star Trek Attack Wing, y las diferentes categorías del cosplay. También hay exposiciones con objetos de Star Trek, Transformes o Doctor Who, sin olvidar los paneles de los actores, en los que se narran las anécdotas del rodaje de las películas y series que nos han inspirado e ilusionado, y gracias a las cuales hemos conocido a nuestros amigos (no pocos hechos en la misma Cifimad o en las asociaciones que la organizan). A lo largo de los tres días puedes encontrarse a terribles soldados imperiales, valientes rebeldes y caballeros jedis, mezclándose con Goku o Célula, Señores del Tiempo, Visitantes, oficiales de la Flota Estelar o personajes steampunk. Este año, además, hemos contado con los hermanos del coche fantástico, con la presencia de la asociación Knight Rebels y sus vehículos. Sin olvida la cena de gala del sábado por la noche.

Son tres días cargado de actos, estrés para los organizadores y colaboradores (os agradezco desde estas líneas vuestro esfuerzo, ilusión y el estrés nunca pagado), pero también de amistades interesantes, interminables conversaciones alrededor del bar, en las butacas de recepción o en la sala de actos.

Para mí es un lugar entrañable. Hice la presentación de la primera edición de Star Trek. Guía de naves estelares, cuando aún no se había impreso, aprovechando para presentar la creación del blog del mismo nombre. Son amigos míos los que sufren organizando el evento año tras año. Allí he hecho otros buenos, a los que me gustaría ver más (sí, lo sé, es culpa mía), y he pasado tardes inolvidables haciendo manualidades y recortando figuras de papel. Es en definitiva un lugar mágico, es como una TARDIS donde uno entra para encontrarse un lugar mucho más grande.


Ll. C. H.

jueves, 12 de noviembre de 2015

“LA GUERRA DE LAS GALAXIAS”, A TRAVÉS DE LAS GENERACIONES

         Del Episodio VII de la saga de La guerra de las galaxias, creada por George Lucas y ahora propiedad de Disney, sabemos muy poco, como que se va a estrenar, salvo algún cambio, el 18 de diciembre de 2015. Pero vamos conociendo más datos, con cuentagotas. El hijo de Mark Hamill (Luke Skywalker en la ficción), Nathan Hamill, ha publicado en su web una foto en la que aparece su padre, delante de una gran nave con el rótulo del “Episodio VII”, con barba y una camiseta negra, lo cual nos sugiere y  nos hace pensar, relacionar, recordar.
El negro es el color del Lado Oscuro, el color de Darth Vader, pero también el color de Jedi de Luke en El retorno del Jedi, donde parece un sacerdote, un hombre de alta espiritualidad, enteramente de negro. La barba de Mark Hamill también nos indica cosas importantes: puede ser la barba de Alec Guiness, Obi-Wan Kenobi, maestro Jedi, casi una reliquia de otros tiempos, en Una nueva esperanza, el Episodio IV, el primero que vio la luz para toda una generación de niños que, como dijo George Lucas, estaba creciendo sin cuentos de hadas. Yo fui uno de esos niños.
         Pero la barba de Luke también nos lleva a Obi-Wan de joven, al Obi-Wan que encarnó Ewan McGregor en el segundo y tercer episodio. La barba también de Qui-Gon Jinn, maestro de Oby Wan. La barba es sagrada, rezan antiguas mitologías, como nos enseña Joseph Campbell, prestigioso mitólogo que fue clave para la creación de La guerra de las galaxias. George Lucas sufrió un accidente de coche muy grave con 18 años. Él quería ser conductor de coches de carreras, y la velocidad y los automóviles eran su gran pasión. Pero este accidente, que casi acaba con él, le condujo a otra vocación, a otro mundo muy diferente. En el hospital se interesó por materias como la Mitología o la Antropología. Leyó El héroe de las mil caras, valioso libro de Joseph Campbell que muestra cómo los mitos del mundo están relacionados y unidos entre sí, como si hombres de tierras y culturas muy lejanas respondieran y necesitaran los mismos mitos, o muy parecidos.
         Lucas estudió escritura creativa y se matriculó en la Universidad de Cine de California, donde hizo una gran carrera, con muy buenos cortometrajes –entre ellos uno  que se convirtió en su primer largometraje, THX 1138-. Allí contactó con Francis Ford Coppola, con el que tuvo una relación brillante pero muy compleja. Coppola, que  no era mucho mayor que él, fue su maestro, o al menos algo similar, enseñándole mucho y dándole muy buenos consejos. Pero Coppola tenía una personalidad muy diferente a la de Lucas, y no siempre se llevaron bien. Coppola era expansivo, extrovertido, mientras que Lucas era más tímido. Sin embargo colaboraron en muchos proyectos, guiones, películas, producciones, entre ellas una película de su admirado Akira Kurosawa, Kagemusha.
         Pero ¿dónde está el secreto de La guerra de las galaxias? Es muy difícil decirlo. Ni siquiera, tal vez, Lucas podría decirlo. O quizá ahora sí, pero no cuando la estrenó, en 1977, cuando pensaba que iba a ser un gran fracaso. Puede que la clave esté en esa declaración suya de que una generación de niños estaba creciendo sin cuentos de hadas, y que él les proporcionó –nos proporcionó-, un cuento de hadas renovado, el “mito renovado”, como dijo Joseph Campbell cuando vio por primera vez La guerra de las galaxias –Episodio IV-, llenando un agujero que necesitaba ser llenado. Y haciéndolo con materiales muy creativos, pues aunque a Lucas no le gusta nada escribir lo hace maravillosamente
         En una entrevista sobre las películas el poeta y filólogo Luis Alberto de Cuenca me dijo que eran una síntesis mitológica, pero también es una síntesis de los referentes culturales que pudo disfrutar Lucas durante su infancia y adolescencia, por ejemplo los space operas o los westerns. Han Solo es un vaquero del espacio, y la escena del bar en el puerto de Mos Eisley remite a las clásicas escenas de duelos y peleas en los bares de las películas del Oeste. Todo está inventado, pero al mismo tiempo todo está por reinventar, y finalmente por inventar. Lucas quería mostrar la confrontación del Bien y del Mal, pero no lo hace ni mucho menos de forma maniquea, antes bien muestra el paso del Bien al Mal en algunos personajes, fundamentalmente Anakin Skywalker-Darth Vader, que se erige en protagonista de las dos primeras trilogías, en una saga que yo diría que tiene también protagonista colectivo, por las funciones tan importantes de muchos de sus personajes.
         La guerra de las galaxias constituyen unas películas aptas para todos los públicos, unas películas que no dejan de enseñar algo no importa la edad que tengamos. Cuando somos niños nos llama la atención unas cosas, mientras que cuando crecemos nos fijamos más, tal vez, como fue mi caso, en su factura cinematográfica, o en su trasfondo mitológico y cultural.
         Finalmente, como escribió Agustín Sánchez Vidal, y creo que esto es esencial, son una oportunidad para realizar una “peregrinación” a los orígenes del mito, a sus fuentes. Para muchos espectadores forma parte troncal de su infancia. Ahora empieza a serlo también para nuevas generaciones de niños que en cuanto las descubren llevan estos personajes y sus aventuras a sus propias vidas, como lo hicimos nosotros cuando teníamos pocos años. La guerra de las galaxias viaja de generación en generación, renovándose.



                                                        Eduardo Martínez Rico
                                                        Escritor y Doctor en Filología




Publicado en El Norte de Castilla el día 29 de septiembre de 2014.

domingo, 22 de febrero de 2015

La historia mítica del héroe (La guerra de las galaxias: El mito renovado)




Un mundo virtual y «significativo»

Las investigaciones más recientes sobre el cerebro y el lenguaje humano, así como las realizadas por mitólogos y antropólogos,24 demuestran la enorme importancia de los mitos en la conformación de nuestra forma de ser y estar en el mundo, como individuos y como sociedad.
Sánchez Vidal destaca en su artículo la gran aportación de Terrence Deacon en La especie simbólica: La coevolución del lenguaje y el cerebro (The symbolic species: The coevolution of language and the brain, 1997). El proceso de simbolización es fundamental en el desarrollo del ser humano; eso nos ha permitido adquirir un lenguaje que no tiene por qué guardar relación con lo que significa. El hombre, gracias a ese poder de simbolización, vive en «un mundo virtual, con unas coordenadas temporales y espaciales propias».
Los mitos conforman el material del que está construido ese «habitáculo» y han contribuido a la evolución de la mente humana, a hacerla más dinámica y práctica para la vida. Los «mapas del mundo», «maquetas» que constituyen los mitos para nosotros, nos han permitido estructurar el mundo, complejísimas realidades, y nos han animado a lanzarnos a lo desconocido, a progresar en el sentido más amplio de la palabra.

En realidad, toda la sociedad se asienta sobre un lecho de mitos en diferentes grados de composición o asimilación [...]. Los mitos siguen apuntalando la poesía, la pintura, la novela, el cine, la música... En definitiva, los mitos cumplen el papel de siempre: permiten que sigamos siendo la especie simbólica. La que no se conforma con constatar lo que hay. Capaz de explorar nuevas perspectivas, consciente de que el hombre es animal que sobrelleva muy escasa cuota de realidad. Nos permite hacer planes. De algún modo, nos facilita ser más libres. Un respeto (Sánchez Vidal, 2005: 9).

Ese final, «Un respeto», solo quiere destacar los ojos cerrados, la ignorancia, bastante natural, con la que vivimos de espaldas al mito, inconscientes de su influencia en nosotros; vivimos sumergidos en él, y no sentimos ni vemos ese océano.
Creo que la máxima aspiración del ser humano es conocerse a sí mismo, porque a partir de ahí vendrá todo... y los mitos, si somos conscientes en la medida de lo posible de su significación, origen, funcionamiento y evolución, nos dan una llave maravillosa para realizar la gran empresa de nuestras vidas.
También en ese número de Muy Especial se ofrecía una entrevista con el catedrático de filología clásica Carlos García Gual. Ambos documentos, «La especie simbólica» y la entrevista a García Gual, nos sitúan con mucha claridad, y con un lenguaje sumamente accesible, en el mundo del mito, y al mismo tiempo conectan este tema tan inabarcable con el de La guerra de las galaxias. García Gual, en una entrevista realizada por Fernando Cohnen, habla del filósofo Hans Blumenberg para señalar lo que en su opinión es una de las grandes aportaciones del mito al ser humano: la «significatividad»:


 El filósofo alemán Hans Blumenberg señala que el mito aporta «significatividad» humana al mundo. El hombre primitivo lo ha necesitado para explicarse la realidad desde esa perspectiva. Más que las tormentas o las grandes convulsiones de la naturaleza, su gran miedo era que la realidad no tuviera sentido humano. Los mitos hablan de la actuación de los grandes dioses y de los héroes, que tiene sus efectos en el mundo. Los mitos están más allá de lo real y ofrecen una explicación de la realidad. Esa explicación simbólica tiene que ver en muchos casos con las creencias religiosas. Los mitos hablan de los grandes enigmas y eso aclara su presencia en cualquier cultura. También explica[n] por qué subsisten en una sociedad como la nuestra, que trata de buscar una explicación científica del universo. Y es que las mitologías tienen mucho que ver con el fondo religioso de los pueblos (Cohnen, 2005: 24).



Ya nos encontramos en esa confusión, que no es tal, fusión, del mito con la religión, el mito como esencia o vehículo —depende— de las creencias religiosas. Recordemos que en la religión griega los mitos eran el sustento del ritual, y no es raro que los dos profesores citen, en sus trabajos, La guerra de las galaxias como mito moderno, como una revitalización del mito. En realidad no hemos parado de crear mitos, más o menos duraderos;25 La guerra de las galaxias es uno de ellos, y sus elementos se ajustan maravillosamente a los que conformaron los más antiguos.


La nostalgia por un héroe perdido

El juicio del profesor García Gual sobre La guerra de las galaxias es más mítico que estético o literario, y sorprende la relación que establece entre la saga galáctica y la de Indiana Jones. Los elementos que destaca están presentes en una y otra; no sé si García Gual era consciente de que el escritor de ambas historias, el creador de todas esas situaciones y personajes, «héroes clásicos», «mitológicos», tratados con nostalgia, es el mismo, George Lucas.

Es nostalgia por el héroe mitológico. La guerra de las galaxias tiene nostalgia del héroe clásico, se trata de un relato imposible y fantástico en el que los grandes héroes luchan con espadas y armaduras que parecen medievales. Hay todo un halo romántico y nostálgico en esa puesta en escena. Algo parecido ocurre en la película En busca del Arca perdida, ya que el héroe es un arqueólogo que viaja por territorios extremos y por mundos que se remontan al pasado, donde todavía es posible la imaginación [...] y lo mágico (Cohnen, 2005: 26).

«Donde todavía es posible la imaginación y lo mágico.» Es una gran frase. Quizá sea George Lucas ese hombre que siente nostalgia por un pasado mítico, por un héroe clásico que tiene que luchar contra invencibles dificultades antes de regresar victorioso, más sabio y más completo, más verdadero, a su lugar de origen.


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sábado, 21 de febrero de 2015

El mito artúrico y La guerra de las galaxias. Entrevista con Luis Alberto de Cuenca


 
Extracto de "La guerra de las galaxias: El mito renovado"



El mito artúrico y La guerra de las galaxias



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viernes, 20 de febrero de 2015

Los personajes de la saga (La guerra de las galaxias: El mito renovado)




Obi-Wan, ideal jedi

Yoda es más sabio, Darth Vader más poderoso, envuelto en un halo de misterio, quizá el centro total de la película, Luke es la bondad inocente e ingenua, la extrema pureza, sobre todo al principio, Han Solo es la simpatía, la gracia constante, la generosidad... Hay personajes en La guerra de las galaxias que no pueden abandonar la memoria de los que las han visto. Pero Obi-Wan reúne lo que todos tienen en conjunto.
Él es sabio, fuerte, simpático, como todos, pero posee todas estas cualidades, y además es bondadoso como ninguno, comprensivo. Su papel en las películas es el de defensor de la República, primero; ayuda a los rebeldes en un momento en que él es el único que puede auxiliarles —y por eso Leia acude a él en el epiv—, y guía a los personajes que mueven verdaderamente las historias, héroes, elegidos: Anakin y Luke. Él mismo es un héroe mucho más positivo que ellos; no tiene lado oscuro; nunca, a lo largo de toda la saga, desfallece... Por supuesto, nunca busca el honor y la gloria, lucha como si lo hiciera otro por él. Su premio es poder hacer lo que hace; en realidad, es el gran maestro.
Yoda es demasiado elevado para enseñar, su sabiduría se mueve en terrenos demasiado elevados. Obi-Wan, como de-muestra en El ataque de los clones, es el hombre que se puede tomar una copa en un bar con un confidente para sacar una información, el joven sabio, y el viejo joven y sabio. Nosotros también nos tomaríamos una copa con Obi-Wan, pero la copa sería menos agradable con Anakin, incluso con Luke o con Qui-Gon Jinn.
Asistimos a la madurez de Obi-Wan durante todas las películas como sin querer; su papel es la del eterno secundario, y muchos lo llamarían segundón, pero para mí es uno de los más queridos. Y eso, naturalmente, lo consiguió Lucas con la primera trilogía, en la que le dio un protagonismo maravilloso.
Dicen que Ewan McGregor, que ya sabemos que sufrió lo suyo rodando estos primeros episodios porque tenía que actuar solo delante de pantallas azules —rodaje con cámaras digitales— y se aburría, vio la segunda trilogía varias veces, aprendiendo de Alec Guinnes sus gestos, su forma de actuar, su personalidad... Y así consiguió crear un personaje perfecto que enlaza con el original; ahora, en realidad, el original es él: él es Obi-Wan Kenobi. En la mirada de Ewan McGregor, en su forma de mover los dedos, de cruzar los brazos en ese gesto tan suyo, está Alec Guinnes y La guerra de las galaxias.
Obi-Wan es el hombre de acción, el destinado a las más grandes misiones, que le gustaría ser hombre de pensamiento, estatismo y meditación. Forma a Anakin, formará a Luke cuando ya esté retirado en el desierto como una especie de ermitaño. En el epiii, ese episodio tan clave, al final, con todo perdido, es el encargado de matar a Anakin.
Hay nuevas grandes misiones. Es Obi-Wan el que se hace cargo de los niños, los hijos de Anakin y Padmé, de ocultarlos de su propio padre y de la influencia todopoderosa del Emperador, y entrega a la niña al senador Bail Organa —«Mi mujer y yo nos quedamos con la niña. Llevamos mucho tiempo queriendo adoptar a una niña»—, y el niño al hermanastro de Anakin, Owen, un granjero de Tatooine que no puede ser más distinto de Anakin. Él es el que aparece encapuchado al final del día en la casa de los granjeros y entrega a Luke.
Cuando Yoda cae derrotado por el canciller Palpatine, toda una enseñanza que él asume con sabiduría, el gran maestro jedi exclama: «Al exilio me veo obligado». En este lenguaje político está una de las claves de La guerra de las galaxias. Obi-Wan también parte al exilio. ¿Qué vida llevarán todos estos personajes en tantos años? Cuando en el epiv volvamos a verlo, Obi-Wan será un anciano; ya era sabio antes, ahora lo es más. ¿En qué ha ocupado su tiempo?


Yoda, la esencia jedi

Monjes guerreros, los jedi no son seres contemplativos, o no son puramente contemplativos: también son hombres de acción. Son guerreros, en cierto modo, antiguos caballeros medievales, una especie de hermandad espiritual que protege la galaxia.
El consejo jedi es un órgano consultivo del Senado, y se rige por un organigrama muy completo que en las películas, en poco tiempo, y mostrando más que explicando, al más puro estilo novelesco, se nos desvela. Los jedi sienten, piensan, no son individualistas, se apoyan unos a otros, se les encomiendan misiones... Hay un orden jerárquico. Incluso Yoda, como hemos tenido la oportunidad de comprobar en epii y epiii, es un guerrero: inolvidables, para algunos en el peor sentido, sus apariciones súbitas a bordo de una nave-helicóptero de combate rodeado de tropas clon.
Cuando nos lo volvemos a encontrar en El Imperio contraataca, es un anciano que lo ha visto todo, absolutamente todo, pero ya quedó patente en los primeros episodios. Yoda es una especie de gran yogui; tiene más de ochocientos años y siente más que nadie la Fuerza. La siente tanto que el engreimiento, la demostración de su poder, todo lo corrupto, sucio y vil que puede suponer la Fuerza en él es completamente inane. Luke se siente muy defraudado al principio cuando lo conoce.
«Ah, ¿un gran guerrero?», le dirá Yoda refiriéndose a lo que busca Luke.





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