domingo, 22 de febrero de 2015

La historia mítica del héroe (La guerra de las galaxias: El mito renovado)




Un mundo virtual y «significativo»

Las investigaciones más recientes sobre el cerebro y el lenguaje humano, así como las realizadas por mitólogos y antropólogos,24 demuestran la enorme importancia de los mitos en la conformación de nuestra forma de ser y estar en el mundo, como individuos y como sociedad.
Sánchez Vidal destaca en su artículo la gran aportación de Terrence Deacon en La especie simbólica: La coevolución del lenguaje y el cerebro (The symbolic species: The coevolution of language and the brain, 1997). El proceso de simbolización es fundamental en el desarrollo del ser humano; eso nos ha permitido adquirir un lenguaje que no tiene por qué guardar relación con lo que significa. El hombre, gracias a ese poder de simbolización, vive en «un mundo virtual, con unas coordenadas temporales y espaciales propias».
Los mitos conforman el material del que está construido ese «habitáculo» y han contribuido a la evolución de la mente humana, a hacerla más dinámica y práctica para la vida. Los «mapas del mundo», «maquetas» que constituyen los mitos para nosotros, nos han permitido estructurar el mundo, complejísimas realidades, y nos han animado a lanzarnos a lo desconocido, a progresar en el sentido más amplio de la palabra.

En realidad, toda la sociedad se asienta sobre un lecho de mitos en diferentes grados de composición o asimilación [...]. Los mitos siguen apuntalando la poesía, la pintura, la novela, el cine, la música... En definitiva, los mitos cumplen el papel de siempre: permiten que sigamos siendo la especie simbólica. La que no se conforma con constatar lo que hay. Capaz de explorar nuevas perspectivas, consciente de que el hombre es animal que sobrelleva muy escasa cuota de realidad. Nos permite hacer planes. De algún modo, nos facilita ser más libres. Un respeto (Sánchez Vidal, 2005: 9).

Ese final, «Un respeto», solo quiere destacar los ojos cerrados, la ignorancia, bastante natural, con la que vivimos de espaldas al mito, inconscientes de su influencia en nosotros; vivimos sumergidos en él, y no sentimos ni vemos ese océano.
Creo que la máxima aspiración del ser humano es conocerse a sí mismo, porque a partir de ahí vendrá todo... y los mitos, si somos conscientes en la medida de lo posible de su significación, origen, funcionamiento y evolución, nos dan una llave maravillosa para realizar la gran empresa de nuestras vidas.
También en ese número de Muy Especial se ofrecía una entrevista con el catedrático de filología clásica Carlos García Gual. Ambos documentos, «La especie simbólica» y la entrevista a García Gual, nos sitúan con mucha claridad, y con un lenguaje sumamente accesible, en el mundo del mito, y al mismo tiempo conectan este tema tan inabarcable con el de La guerra de las galaxias. García Gual, en una entrevista realizada por Fernando Cohnen, habla del filósofo Hans Blumenberg para señalar lo que en su opinión es una de las grandes aportaciones del mito al ser humano: la «significatividad»:


 El filósofo alemán Hans Blumenberg señala que el mito aporta «significatividad» humana al mundo. El hombre primitivo lo ha necesitado para explicarse la realidad desde esa perspectiva. Más que las tormentas o las grandes convulsiones de la naturaleza, su gran miedo era que la realidad no tuviera sentido humano. Los mitos hablan de la actuación de los grandes dioses y de los héroes, que tiene sus efectos en el mundo. Los mitos están más allá de lo real y ofrecen una explicación de la realidad. Esa explicación simbólica tiene que ver en muchos casos con las creencias religiosas. Los mitos hablan de los grandes enigmas y eso aclara su presencia en cualquier cultura. También explica[n] por qué subsisten en una sociedad como la nuestra, que trata de buscar una explicación científica del universo. Y es que las mitologías tienen mucho que ver con el fondo religioso de los pueblos (Cohnen, 2005: 24).



Ya nos encontramos en esa confusión, que no es tal, fusión, del mito con la religión, el mito como esencia o vehículo —depende— de las creencias religiosas. Recordemos que en la religión griega los mitos eran el sustento del ritual, y no es raro que los dos profesores citen, en sus trabajos, La guerra de las galaxias como mito moderno, como una revitalización del mito. En realidad no hemos parado de crear mitos, más o menos duraderos;25 La guerra de las galaxias es uno de ellos, y sus elementos se ajustan maravillosamente a los que conformaron los más antiguos.


La nostalgia por un héroe perdido

El juicio del profesor García Gual sobre La guerra de las galaxias es más mítico que estético o literario, y sorprende la relación que establece entre la saga galáctica y la de Indiana Jones. Los elementos que destaca están presentes en una y otra; no sé si García Gual era consciente de que el escritor de ambas historias, el creador de todas esas situaciones y personajes, «héroes clásicos», «mitológicos», tratados con nostalgia, es el mismo, George Lucas.

Es nostalgia por el héroe mitológico. La guerra de las galaxias tiene nostalgia del héroe clásico, se trata de un relato imposible y fantástico en el que los grandes héroes luchan con espadas y armaduras que parecen medievales. Hay todo un halo romántico y nostálgico en esa puesta en escena. Algo parecido ocurre en la película En busca del Arca perdida, ya que el héroe es un arqueólogo que viaja por territorios extremos y por mundos que se remontan al pasado, donde todavía es posible la imaginación [...] y lo mágico (Cohnen, 2005: 26).

«Donde todavía es posible la imaginación y lo mágico.» Es una gran frase. Quizá sea George Lucas ese hombre que siente nostalgia por un pasado mítico, por un héroe clásico que tiene que luchar contra invencibles dificultades antes de regresar victorioso, más sabio y más completo, más verdadero, a su lugar de origen.


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