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lunes, 10 de junio de 2013

Feria del Libro de Madrid, segundo fin de semana



Hemos llegado al ecuador de la Feria del Libro y podemos decir que nuestras perspectivas iniciales se están cumpliendo con creces. Sobre todo en lo que se refiere a la aceptación y consolidación de nuestro proyecto más querido: la creación de una línea de literatura fantasía y ciencia ficción escrita por autores españoles de gran calidad. Y eso lo estamos notando en los lectores, que no solo se acercan a nuestra caseta 265 por curiosidad, sino que nos buscan, satisfechos con los títulos que compraron en años anteriores y dispuestos a volver a depositar su confianza en nuestras obras.


Buen ejemplo de ello es una de nuestras novedades: Gálora. Ojos de fuego, de Lourdes T. Castillo, una novela fantástica con marcados tintes románticos en la que su protagonista, la única maga del mundo de Círax, es exiliada a un lugar llamado El Continente , donde debe buscar la manera de regresar a su hogar. Pero en su camino se cruzará un hombre llamado Barlan El Maldito, soberano del desierto rojo, y nada volverá a ser igual. Repleta de imaginación, la novela es ideal para todos aquellos que quieran soñar con los mundos, las aventuras y los personajes que describe esta estupenda autora. Además su autora estuvo arropada este domingo por una sacerdotisa del desierto, como vemos en la fotografía.


El lanzamiento de la segunda entrega de la saga Historias de la Tierra Incontable, de Házael González, titulada Círculo Segundo. Viaje a la profundidad, no hace más que consolidar la calidad de la fabulosa mitología creada por este magnífico autor y constatar el éxito de la primera entrega: Círculo Primero: El despertar, de la cual ya hemos lanzado la segunda edición. Su vitalidad, buen humor e incansable energía impregnan cada una de sus páginas, y eso se contagia a los lectores que lo conocen y, sobre todo, engancha a los que ya le han leído.


Por otro lado, y como siempre, la narrativa histórica también tiene su hueco entre nuestros seguidores, y seguimos notando un creciente interés por los títulos de nuestro sello Imágica, entre los que podemos destacar Cid Campeador, de Eduardo Martínez Rico; Pelayo, rey, de Pablo Vega; El heredero de Tartessos, de Arturo Gonzalo Aizpiri; o Heteria deToledo, de Vicenta M.ª Márquez de la Plata, con sus historias sobre las mujeres del Medievo. Todas atraen a un público ávido de buenas historias sobre nuestro pasado.


No podemos acabar sin comentar la última novedad de este año: Ahora eres un zombi. manual para resucitados novatos, de John Austin, que no deja a nadie indiferente y siempre arranca una carcajada a cualquiera que le echa un vistazo. Está haciendo furor tanto entre los incondicionales de los zombis, como entre aquellos que, un poco cansados de los muertos vivientes, creen que ha llegado la hora de reírse un buen rato con ellos.


Aún queda una semana, y el último fin de semana, en el que esperemos que los libros de nuestra editorial sigan haciendo soñar a nuestros lectores, a quienes nunca podremos agradecer lo suficiente su fidelidad y apoyo año tras año. 




Tienda on-line:
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miércoles, 6 de junio de 2012

Heteria de Toledo

HETERIA DE TOLEDO 

Vicenta M.ª Márquez de la Plata

 
Diez historias y leyendas interesantes, ambientadas en la Alta Edad Media.


La obra:


Ella es a veces la ilustrada superviviente, o la trabajadora esforzada y fiel, o la mujer compasiva ante las miserias de los demás, o simplemente una mujer de negocios; pero también es la maga, la hechicera que embruja, asusta y hechiza al hombre; y siempre es como la luz de la luna, como un sueño inalcanzable.
Un ramillete de historias que el lector puede disfrutar, y en el que puede conocer cómo eran los hombres y mujeres cristianos y musulmanes en la España del siglo XI.
Presentamos un variado abanico de situaciones, de reinas y de reyes, de miedos que crearon al hombre lobo, y de cómo el valor se sobrepone a la ordalía o juicio de Dios. Historias de amores y venganzas, de encantamientos verdaderos o fingidos, un muestrario de cómo se vivía en el mundo medieval. Vicenta M.ª Márquez de la Plata ha querido mostrar una parte de nuestro pasado remoto, que sin duda es una parte de nosotros mismos.


La autora:


Vicenta Márquez de la Plata, madrileña de nacimiento, pasó su juventud en Sudamérica y estudió después en diferentes ciudades europeas. Es historiadora y está especializada en historia medieval. Ha publicado Mujeres renacentistas en la corte de Isabel la Católica, Reinas medievales españolas, Los españoles de hace 900 años y El trágico destino de los hijos de los Reyes Católicos de divulgación histórica, y El libro de oro de los duques y Nobiliaria española de heráldica, muchos de ellos en colaboración con su marido Luis Valero de Bernabé. Recientemente ha cosechado gran éxito con sus novelas históricas: El eunuco del rey, La concubina del rey-emperador y La valida.


Catalogo: http://dl.dropbox.com/u/58838614/CATALOGO_digital.pdf
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sábado, 26 de mayo de 2012

Paseo por las Leyendas de Toledo


Paseo por las Leyendas de Toledo
Una guía en los límites de lo real

Desde nuestro sello Imágica llega la cuarta edición de Paseo por las Leyendas de Toledo, una guía en los límites de lo real.

Este trabajo es el fruto de un proyecto que se inició hace ya muchos años. Joaquín García Sánchez-Beato y yo comenzamos a recoger leyendas toledanas en el año 1996, durante una serie de mañanas luminosas del mes de julio, en la sala de lectura de la antigua Biblioteca Pública de Toledo.

Nuestro libro nace con la ilusión de aportar una nueva forma de contar las leyendas de Toledo, e incluye un puñado de relatos que no habían vuelto a ver la luz desde su primera publicación, ya lejana, en las páginas de la revista Toledo, en otras publicaciones periodísticas del siglo XIX y en algún libro hoy olvidado.

Juan Carlos Pantoja Rivero

Los autores:
Juan Carlos Pantoja Rivero (Toledo, 1961) es doctor en filología hispánica y profesor de lengua y literatura españolas en la Instituto Alfonso X el Sabio de Toledo. Su labor investigadora se centra en la literatura caballeresca del siglo XVI, y es autor de numerosos libros relacionados con el tema. Participó en el libro Toledo, ciudad de leyenda.

Juaquín García Sánchez-Beato (Toledo, 1961-2006) ejerció como maestro de primaria en la provincia de Toledo. Su pasión por la historia le convirtió en un gran conocedor de muchos de los secretos que el paso del tiempo dejó como legado en Toledo, ciudad con la que se sentía muy identificado. También colaboró en el libro Toledo, ciudad de leyenda.

Las leyendas:

La milagrosa aparición de santa Leocadia

A orillas del Tajo. En su florida vega. En la conclusión del estrecho y amoroso abrazo con que el río enlaza a Toledo y se aleja hacia poniente, se yergue humilde, pero firme, la basílica de la santa toledana, Leocadia, virgen y mártir.
Hija de familia patricia y acomodada, Leocadia profesó la fe cristiana desde su juventud y, fiel a su doctrina, murió en prisión el 9 de diciembre del año 303 o 304 (según Francisco Rivera Recio), víctima de la persecución desatada por el cruel Daciano contra los seguidores de Jesús.
Los fervorosos cristianos, que entonces abundaban, aunque en secreto, en Toledo, dieron sepultura a los restos de Leocadia y elevaron un altar en aquel sitio que, con el paso del tiempo, se convirtió en lugar sagrado, edificándose una basílica que fue santuario final de peregrinos y sede de numerosos concilios durante el periodo visigodo. Allí acudían los fieles a diario con piadosas oraciones, encendidas alabanzas o humildes peticiones a la santa, agolpándose en el recinto de la basílica, incapaz ya de acoger aquella continua muchedumbre.
Gobernaba la iglesia toledana en el año del nacimiento de Jesucristo de 666, el venerable Ildefonso, singularmente devoto en el culto a la Virgen María. Llegada la fecha del 9 de diciembre de ese año, festividad de la famosa santa, partió de la ciudad, como era costumbre, una procesión hacia la basílica extramuros, encabezada por Ildefonso y otros prelados eclesiásticos, y el rey Recesvinto, rodeado de lo más granado de sus nobles. Tras ellos desfilaba el pueblo sencillo de Toledo formando una gran marea humana.
Ya en el interior del templo, repleto de fieles, comenzaron los oficios religiosos y las alabanzas y gratitudes a la Virgen y a la patrona de Toledo. Y estando ocupados en estos menesteres, se produjo un milagroso prodigio ante los ojos atónitos de todos los asistentes: como movida por una invisible y poderosa mano, se levantó la pesada losa que cerraba el sepulcro de la santa, y de su interior, envuelta en una luz sobrenatural, surgió Leocadia, cubierta por un inmaculado velo blanco. La prodigiosa aparición dio unos pasos hacia los estupefactos y petrificados espectadores, y dirigiéndose a Ildefonso, le dijo:
—Por ti vive mi Señora.
Dando a entender con estas palabras que la expansión del culto mariano en el reino visigodo se debía a él, la refulgente aparición dio media vuelta y se encaminó de nuevo a su sepulcro. Entonces Ildefonso, con una daga que le había entregado el aún sorprendido rey Recesvinto, alcanzó a cortar un trozo del velo de la santa.
Con la preciada reliquia, volvieron todos a la ciudad dando gracias al cielo y, según dice don José Amador de los Ríos, en su Toledo pintoresca de 1845, «el velo juntamente con el cuchillo hasta el día de hoy se conserva en el sagrario de la iglesia Mayor, entre las demás reliquias.»


El Cristo de la Vega

Hacía algún tiempo que la pasión había permitido la entrada del joven soldado Diego Martínez a los recatados aposentos de la bella Inés de Vargas; los dos, entregados a su amor, eran ya propiamente marido y mujer, según las reglas del matrimonio secreto. Sin embargo, la joven, discreta y noble, quiso que lo que ambos habían consumado se hiciese público algún día. Aquella tarde luminosa, en la Vega, doña Inés y don Diego paseaban conversando amenamente, y la muchacha consideró oportuno solicitar de su amado el juramento de que se casaría con ella:
—Mi padre conoce ya nuestros amores, y es justo que limpiéis con vuestro juramento la mancha de mi honra —comentó doña Inés.
—No es menester un juramento cuando está por medio mi palabra —fue la respuesta del galán.
El tesón de la dama les colocó a los dos ante la imagen del Cristo que presidía la nave del templo de la Vega, y allí Diego Martínez juró, a los pies de la figura, que se casaría con Inés a la vuelta de las guerras de Flandes.
Los días se prolongaban, los meses eran eternos y los años transcurrían en la soledad de la casa de los Vargas, donde doña Inés esperaba, con la mirada puesta en la ventana, la vuelta del soldado que le tenía dada palabra de matrimonio. Pasados tres años, Inés vio a lo lejos las tropas españolas que volvían de Flandes, y salió a la calle a recibir a su soldado. Pero no era un soldado el que tornaba, sino un capitán; y no era Diego Martínez, sino don Diego, altivo, gallardo, orgulloso y olvidadizo hasta el extremo de no reconocer a la que fue otrora su amada. Tras rogar y suplicar, despechada, Inés recurrió a la justicia y se arrojó a los pies del gobernador, don Pedro Ruiz de Alarcón, quien, tras oír a la muchacha, convocó a don Diego Martínez:
—Sí conozco a esta mujer, mas haberle jurado matrimonio, lo niego —respondió seguro el capitán.
—Pues no tenéis ningún testigo —dirigiéndose el gobernador a Inés—, no se ha de poner en duda la palabra de don Diego.
Con lágrimas en los ojos, la pobre dama engañada recordó que el juramento fue ante la imagen de Dios:
—¡Sí tengo un testigo! —dijo—: ¡El Cristo de la Vega!
Llegada la comitiva de jueces, escribanos, protagonistas y mirones a la ermita del Cristo, consideró don Pedro que era llegado el momento de tomar declaración a tan alto testigo:
—Hijo de María: ¿juras que es cierto que don Diego Martínez dio aquí, en tu presencia, palabra de matrimonio a doña Inés de Vargas? —preguntó el notario, mientras acercaba hacia él la Biblia.
Y una voz sobrenatural que llenó todo el recinto, exclamó:
—¡Sí, juro!
Y entonces, la imagen despegó de la cruz una ensangrentada y desgarrada mano que posó sobre el libro en señal de juramento. Sobrecogidos los presentes, nadie supo qué hablar, y don Diego, tembloroso, cedió ante tan buen testigo y cumplió su palabra con doña Inés, aunque quién sabe si ambos, espantados ante el prodigio, no decidieron renunciar a las vanidades de este mundo y profesar como religiosos en alguno de los conventos que encierra la ciudad. La imagen del Cristo de la Vega, desde entonces, ha permanecido siempre así, con el brazo desenclavado.



Colección: Historia mítica
Edición: Rústica con solapas
Páginas: 288.
Formato: 15,6 x 23,2
P.V.P.: 19,50€
ISBN: 978-84-95775-32-9


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